Al este de Madagascar, en el continente africano, se encuentra Isla Reunión, un departamento francés de ultramar con apenas 775.000 habitantes y 2.150 km². Su carácter volcánico hace que en muy poco espacio de terreno su orografÃa sea muy abrupta, alcanzando hasta los 3.070 metros de altura en su cima más alta, el volcán Piton des Neiges. Por esta razón, la isla francesa se ha convertido en un referente para los barranquistas, ya que pueden practicar el deporte de riesgo de descenso de barrancos en una especie de paraÃso terrenal (europeo).
El barranquismo es un deporte de aventura que consiste en descender un barranco (o cañón) por el cauce de un rÃo. Con la ayuda de una cuerda que sostiene a la persona, ésta debe sortear pozas, estrechos y cascadas de agua. «Llevamos 20 metros de cuerda y al final acabamos con nueve cortes por los roces con las rocas», explica José Manuel Aragón Lázaro.
«Yo ya estuve en el 2005 y quise preparar el viaje para que lo tuviéramos todo bien hilado y asà no perder el tiempo», explica Ignacio Fernández de la Calle. Junto a él (gallego afincado en Logroño), José Manuel Aragón Lázaro, logroñés igualmente aficionado a este deporte extremo, acudió a Isla Reunión para realizar una misión personal. En 27 dÃas descendieron 26 barrancos, con 30 kilos de equipaje en cada jornada.
La misión se cumplió con creces. Entre los barrancos que lograron descender destaca el denominado Trou d’Enfer («boca del infierno»), que está señalado con el aviso «Precaución: peligro de hipotermia y muerte». Con una cascada de 102 metros, es uno de los barrancos más complicados del mundo. Como mejor recuerdo de la expedición, Fernández de la Calle y Aragón Lázaro se traen el mérito de ser los terceros del mundo en descender el Trou d’Enfer a vista y sin guÃa (y ser los primeros no residentes en Isla Reunión que lo hacen). «Nos lo dijeron dos dÃas después de haberlo hecho. Nos habÃa parecido más táctico que fÃsico, la verdad, y lo más complicado era el caudal de agua que tenÃas que soportar», explica José Manuel. Por otra parte, Ignacio confiesa que «no lo hicimos por el récord, porque lo desconocÃamos, sino porque nos apeteció».
Bajar un barranco a vista significa hacerlo por primera vez, y aunque el Trou d’Enfer es muy frecuentado, habitualmente se hace con guÃa, recurso del que prescindieron los barranquistas riojanos. «’A vista’ es bajar en rápel buscando en la pared las chapas donde sujetarte porque no conoces la vÃa», detalla José Manuel. Los dos deportistas riojanos también descendieron otros barrancos como el precioso Ravine Blanche o el Capland, de nivel ‘Vertical Acuática 7′, el más alto del mundo. «Ése tenÃa un montón de agua. Lo hicimos y nos gustó mucho, fue donde más disfrutamos», explica José Manuel.
En total, han calculado que invirtieron 191 horas (casi ocho dÃas completos) en descender barrancos. Entre ellos, algunos en los que normalmente la gente invierte dos dÃas, como el Bras Magasin, los riojanos solo usaron 16 horas. «FÃsicamente fue muy exigente pero también psicológicamente, el cansancio hizo mella. Una vez dentro del barranco nos olvidábamos de todo pero era duro mentalizarse de que habÃa que andar cada dÃa hasta cinco horas cargados con el equipaje hasta llegar a los barrancos por sendas casi intransitables, aquello era la selva», explica Fernández de la Calle.
Para sumar complicaciones, durante su expedición el volcán Piton de la Fournaise entró en erupción, pero no tuvo consecuencias. Al final, eso sÃ, se traen una experiencia inolvidable. «Ahora no me ha quedado nada pendiente de hacer en Isla Reunión», dice orgulloso Ignacio Fernández de la Calle. «Hemos acabado encantados, a pesar de ser muy duro. Yo no volverÃa a Isla Reunión, porque ya está hecho, pero sà que iré a otros lugares», afirma José Manuel.



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